Mi historia con los vestidos empezó mucho antes que mi atelier.
Empezó en América, junto a mi madre, jugando a coser, planchar, muchas revistas y patrones.

Ahí empezó todo.
Yo todavía no sabía qué era un atelier. No conocía palabras como patronaje, silueta o alta costura. Solo sabía que me fascinaba ver cómo un trozo de tela podía convertirse en algo completamente diferente.
Cuando llegó el momento de elegir mi futuro, estudié dos carreras al mismo tiempo: Comunicación Social, especializada en Periodismo, y Diseño Textil y de Moda. Parecían dos caminos muy diferentes, pero con el tiempo entendí que tenían mucho más en común de lo que imaginaba.
Una me enseñó a escuchar historias, la otra a vestirlas. Y hoy esas dos partes de mí se encuentran en cada vestido: primero conozco a la mujer, la escucho y entiendo cómo quiere sentirse. Después llegan el dibujo, los tejidos y las pruebas hasta convertir su historia en algo que pueda llevar puesto.
Hay vestidos que se imaginan
toda la vida.